La amazonia se encuentra en riesgo y requiere de acciones palpables e inmediatas para evitar que avance hacia una muerte inevitable. Por ello, en la Quinta Cumbre de Países Amazónicos, celebrada en la capital colombiana, Bogotá, el presidente Luis Arce ratificó el compromiso de Bolivia con la protección de este bosque tropical —que es el más grande del mundo—, lo que está en consonancia con la política de cuidado del medioambiente y de los derechos de la Madre Tierra reconocidos por la legislación boliviana.
Son nueve países que comparten los casi 7 millones de kilómetros cuadrados de esta reserva con la mayor biodiversidad del planeta, con millones de especies de animales y plantas: Brasil, Bolivia y Perú —que cuentan con una buena parte de su extensión—, y Colombia, Ecuador, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guayana Francesa. Hoy, esta selva amazónica afronta una crisis sin precedentes por la degradación ambiental, la pérdida de su biodiversidad y la vulneración social de sus guardianes: los pueblos indígenas.
Para salvar esta riqueza, Arce pidió la unidad de los países amazónicos, fortaleciendo la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA) para asumir los retos clave de la región con miras a la venidera Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30) de Belém, Brasil, asumiendo el liderazgo de los indígenas que habitan este territorio desde tiempos milenarios, mediante acciones que traduzcan sus voces en políticas que respeten sus cosmovisiones y modos de vida.
En este marco, el país apoya el establecimiento de un mecanismo financiero que capte y distribuya recursos de manera justa, priorizando proyectos comunitarios y acciones de conservación con beneficios reales para las poblaciones locales; el Mecanismo de Pueblos Indígenas, de la OTCA, y el Mecanismo Conjunto Amazónico de Mitigación y Adaptación para la Gestión Integral y Sostenible de los Bosques, propuesto por Bolivia para detener la deforestación hasta 2030, además de la Red Amazónica del Clima.
Además, el Estado boliviano ha dado pasos históricos para el desarrollo integral de la amazonia: se reactivó la Comisión Nacional Permanente de la Amazonía, en Cobija, Pando, para generar propuestas hacia una agenda regional y global; con el Banco de Desarrollo Productivo (BDP) se dio paso a la inédita emisión de Bonos Verdes en el mercado de valores del país; y se inscribió el primer Programa REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques) con participación indígena.
Eso no es todo, Arce resaltó que Bolivia atendió el llamado de Brasil para participar en la conformación del Fondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF, por sus siglas en inglés) y expresó su interés de integrarlo; y convocó a la urgente constitución del Panel Intergubernamental Técnico-Científico de la Amazonía, aparte de brindar su apoyo a la Red Amazónica de Autoridades Forestales y del Agua, espacios para contar con datos que guíen las políticas de los países amazónicos y para aplicar una gestión coordinada.
La amazonia requiere de un compromiso para resguardar el hábitat verde de pueblos indígenas, fauna y flora que lidian con mafias transnacionales, deforestación, incendios forestales y más... Bolivia apunta a una lucha conjunta, soberana, con soluciones que reconcilien desarrollo sostenible, Vivir Bien, economía y reproducción de la vida, para enfrentar —como dijo Arce— al verdadero enemigo amazónico: el modelo capitalista, antropocéntrico y eurocéntrico que pone en riesgo la vida misma en el planeta Tierra.