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Bolivia celebra hoy el Martes de Ch’alla como un acto de agradecimiento a la Pachamama

Esta festividad tiene una relación directa con la explotación minera y la producción agrícola, un vínculo que se remonta a tiempos prehispánicos.

Hoy, desde temprano, Bolivia se llena de color y espiritualidad para celebrar el tradicional Martes de Ch’alla, un acto ancestral de agradecimiento a la Pachamama, la Madre Tierra. En los hogares se preparan serpentinas, mistura, flores, confites, cohetillos, vino, cerveza, coca, alcohol y, en algunos casos, una mesa blanca, todo dispuesto para ch’allar los bienes más preciados de cada hogar, como casas, terrenos y vehículos, con la esperanza de invocar la prosperidad.

Milton Eyzaguirre, antropólogo costumbrista y jefe de la Unidad de Extensión del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), explicó a Ahora El Pueblo el origen y la evolución del Martes de Ch’alla, así como su vínculo con la historia de la minería y la agricultura en la región andina.

Según Eyzaguirre, esta festividad tiene una relación directa con la explotación minera y la producción agrícola, un vínculo que se remonta a tiempos prehispánicos, mucho antes de la llegada de los colonizadores.

“En el área rural, lo que se hace es agradecer al supay, que es el Tío, por la producción recibida. Este acto de gratitud tiene una conexión directa con la minería, pues en las zonas mineras es el Tío quien se honra en esta festividad”, explica el experto.

Eyzaguirre destaca que el Martes de Ch’alla se diferencia del Jach’a Anata, una tradición agrícola que se celebra para agradecer la cosecha. El Martes de Ch’alla tiene un carácter más comunitario y está estrechamente ligado con la minería. “Es más propio de la minería, mientras que el Jach’a Anata está más vinculado con la producción agrícola. En el espacio minero, se genera una comunión de agradecimiento a la tierra por la producción obtenida”, señala el antropólogo.

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Para los habitantes de las regiones rurales mineras, la fiesta se convierte en una celebración colectiva, de agradecimiento por los recursos que les permite vivir. De hecho, a pesar de sus orígenes en el ámbito minero, hoy se celebra en gran parte del país, tanto en las ciudades como en las áreas rurales.

Elementos simbólicos

El antropólogo destaca la importancia simbólica de los elementos utilizados en la celebración del Martes de Ch’alla. “Para agradecer a la Pachamama se utilizan pétalos de flores, serpentinas, banderines y otros objetos coloridos, los cuales sirven para engalanar el espacio que ya está decorado por la naturaleza”, explica.

En las ciudades de La Paz, Oruro, Potosí y otras, cuando los primeros rayos del sol comienzan a iluminar el día, la gente rocía sus bienes más preciados con alcohol, vino y cerveza. También lanzan pétalos de flores y confites sobre los techos de las casas, mientras explotan cohetillos para atraer prosperidad. Todos estos elementos deben ser adquiridos con anticipación para no faltar en el ritual.

Eyzaguirre señala que esta costumbre es el resultado de un proceso de transformación de la festividad, especialmente en las ciudades. “En las ciudades, la gente ha comenzado a ch’allar sus bienes, llevando la tradición al espacio urbano, aunque la esencia se mantiene”, comenta.

La Ko’a

Uno de los rituales más conocidos del Martes de Ch’alla es la k’oa, una mesa de ofrendas preparada en honor a la Pachamama. En ella se colocan alimentos, hojas de coca, alcohol y otros elementos como señal de gratitud.

El antropólogo subraya que “las mesas rituales con fuego no son apropiadas en este día”. “El Martes de Ch’alla está vinculado con el agua, porque estamos cerrando el tiempo de lluvia, el Jallupacha. El agua es el elemento principal de este ritual”, agrega.

A pesar de algunas modificaciones debido a la urbanización, Eyzaguirre resalta que la esencia de la festividad se mantiene. “La gente sigue celebrando el Martes de Ch’alla como una forma de reafirmar su vínculo con la Pachamama y su cosmovisión andina. En muchos casos, ya no se celebra de forma comunal, sino más individual, con las familias reuniéndose para compartir la alegría”, explica.

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La festividad ha trascendido las regiones andinas y ha llegado a lugares como Santa Cruz, donde se celebran rituales similares, aunque con algunas variaciones. “Nuestra gente, al migrar, lleva sus tradiciones consigo. Este proceso de conquista cultural pacífica ha permitido que el Martes de Ch’alla llegue a otras partes del país”, añade Eyzaguirre.

Enfatiza en que, pese a los cambios con el tiempo, el Martes de Ch’alla no es solo una fiesta, sino un acto profundo de reciprocidad y un recordatorio del vínculo entre los seres humanos y la naturaleza. Es un día en que el pueblo boliviano honra sus raíces, celebra la abundancia recibida y anhela un futuro próspero, pero siempre en armonía con la Pachamama.

AEP


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