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Miguel Clares

Lo que nos dejó 2023 y espera para 2024

El año que culmina ha sido, sin duda, un periodo lleno de desafíos a nivel mundial. La complejidad del contexto internacional ha impactado diversas economías, generando incertidumbre y desequilibrios. En Bolivia, hemos vivido la amarga experiencia de un sabotaje económico perpetrado por exmandatarios y asambleístas sin escrúpulos. Sin embargo, a pesar de estos desafíos, nuestro país ha logrado mantener indicadores económicos positivos que resaltan la fortaleza de su Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP).

En medio de un escenario global adverso, Bolivia ha destacado por su resiliencia. Mientras economías vecinas registran tasas negativas de crecimiento, el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) boliviano se mantiene en ascenso. Esto no es casualidad, es el resultado de un modelo económico que protege a la población de las consecuencias de la crisis internacional y del sabotaje político interno.

El MESCP se erige como el salvaguarda de la estabilidad económica en Bolivia. A diferencia de otros sistemas que flaquean bajo la presión de los shocks económicos mundiales, este modelo demuestra firmeza ante las adversidades. Las medidas implementadas por el Gobierno, tanto en la demanda como en la oferta, generan un dinamismo económico palpable en los hogares y fortalecen la capacidad productiva de las empresas.

Los indicadores macroeconómicos son el reflejo tangible de los logros obtenidos en 2023. La sólida resistencia a la crisis internacional y el crecimiento económico promedio del 4,7% (2006-2019) evidencian el impacto positivo de las políticas implementadas. Comparado con el antiguo modelo neoliberal, que promediaba un modesto 3,0% de crecimiento (1985-2005), el MESCP se erige como un catalizador de progreso económico.

Mirando hacia el futuro, el horizonte para Bolivia en 2024 es alentador y lleno de certidumbre. El Presupuesto General del Estado para el próximo año se presenta como un instrumento que asegurará la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad de las finanzas públicas. El proceso de industrialización con sustitución de importaciones fortalecerá la soberanía productiva, impulsando un desarrollo sostenible.

Además, se anticipa un fortalecimiento del aparato productivo e industrial, promoviendo la productividad y mayor rendimiento. La consolidación de políticas de acceso universal y gratuito a la salud y educación demuestra un compromiso continuo con la equidad social. La implementación de políticas sociales buscará la redistribución equitativa de los recursos, con la firme intención de disminuir la desigualdad y la pobreza.

En consecuencia, 2023 nos ha enseñado que el MESCP es el motor que impulsa el progreso económico en Bolivia. La comparación con el antiguo modelo neoliberal deja en claro que este enfoque basado en la comunidad, la producción sostenible y la equidad social es la clave para el desarrollo sostenible del país. Mientras sigamos aplicando el MESCP, podemos anticipar con confianza un 2024 lleno de logros en beneficio de la población boliviana.


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