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La literatura infantil estimula la fantasía.

La fantasía infantil, motor del pensamiento y la creatividad

En la etapa infantil, la fantasía juega un papel fundamental en la vida de los pequeños “imaginadores”, quienes perciben el mundo de una manera diferente que los adultos; es más, entienden el mundo de lo maravilloso mejor que los adultos, quienes tienen la tendencia a racionalizar todo.

La Paz, 19 de mayo de 2024 (AEP). – Todos los estudios realizados en torno al desarrollo cognitivo de los infantes, desde el período preoperacional (de 2 a 7 años) hasta el periodo de las operaciones concretas (de 7 a 11 años), demuestran que la fantasía es un soporte esencial para potenciar la actividad del pensamiento y, de un modo general, para desarrollar la inteligencia humana.

Los niños en el periodo preoperacional, si bien no pueden discernir con claridad qué cosas pertenecen a la realidad y cuáles a la fantasía, manejan un lenguaje que les permite analizar las cosas mediante los símbolos; de ahí la importancia de los cuentos infantiles que, transmitiéndoles historias reales o ficticias, les ayudan a tomar conciencia de su entorno.

Los niños en edad escolar, especialmente durante el ciclo primario, tienen un lenguaje mucho más elaborado; comprenden mejor el significado semántico de las palabras y pueden seguir el hilo de un texto con una sintaxis relativamente compleja. No obstante, aunque son capaces de abstraer conceptos como el tiempo y el espacio, tienen muchas dificultades para abstraer los razonamientos lógicos, como son los preceptos sobre ética y moral, las metáforas poéticas y las moralejas de ciertas fábulas.

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La fantasía es el principal recurso de la literatura.

Al margen de estas consideraciones básicas, es menester aclarar que uno de los mecanismos mentales que los hace iguales a todos los niños, indistintamente de su condición social y cultural, es el don de la fantasía; esa facultad humana que permite reproducir, por medio de imágenes mentales, cosas pasadas o representar sucesos que no pertenecen al ámbito de la realidad presente.

La fantasía, aparte de ser uno de los atributos que diferencia a los seres racionales del resto de los seres vivos, es la máxima expresión del grado superior de la imaginación o del pensamiento mágico que, en el caso de los niños, forma parte intrínseca de su forma de razonamiento, que no considera las fundamentaciones lógicas ni racionales propias del mundo adulto.

La imaginación es la base de la fantasía, que permite pasar por alto las leyes de la naturaleza para crear mundos imaginarios a partir de elementos ficticios o modificaciones de la realidad concreta. Sin la imaginación sería difícil concebir argumentos y personajes que tengan la fuerza de transportar a los niños hacia contextos diferentes a su entorno cotidiano.

No es casual que la mayoría de los libros destinados a los niños, como son los cuentos de hadas, los mitos, las leyendas y la literatura del género fantástico, contengan argumentos imaginarios y sobrenaturales, que rompen con las reglas de la lógica formal desde el instante en que presentan animales que hablan, ríos que cantan, montañas que hablan, árboles que andan, animales extraterrestres y, junto a todo ello, personajes inmortales y seres omnipotentes que viajan a través de los tiempos.

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Cuántos libros para leer, ilustración de Aileen Leijten.

En la etapa infantil, la fantasía juega un papel fundamental en la vida de los pequeños “imaginadores”, quienes perciben el mundo de una manera diferente que los adultos; es más, entienden el mundo de lo maravilloso mejor que los adultos, quienes tienen la tendencia a racionalizar todo. Los niños, entregados a merced de su fantasía, creen en la existencia de alfombras voladoras y en La lámpara de Aladino, no dudan de las aventuras de Alicia en el país de las maravillas ni cuestionan la relatividad en Los viajes de Gulliver; obras literarias que tienen varias versiones adaptadas para los pequeños lectores.

Los niños, por otra parte, mantienen una interrelación con el mundo que les rodea a través de su pensamiento mágico. Ellos, en mayor grado que los adultos, son capaces de internarse con enorme facilidad en los jardines de la fantasía e inventar situaciones fantásticas, que nada tienen que ver con el pensamiento lógico de los adultos ni con el análisis racional de las causas y efectos de un determinado fenómeno de la sociedad humana.

Los niños, a lo largo de su desarrollo cognitivo, no dejan de crear y recrear situaciones imaginarias durante su actividad lúdica, ya sea de manera individual o colectiva, y no siempre porque tienen la necesidad de evadirse de la realidad cotidiana, sino porque la fantasía, además de estimular la destreza imaginativa, es un recurso que alimenta la capacidad creativa durante la infancia.

La fantasía es un instrumento no solo valioso durante el proceso de asimilación de los conocimientos, sino también un medio a través del cual se canalizan las aspiraciones y los ensueños. Para los niños es una suerte de varita mágica que les permite trasladarse, como por acto de encantamiento, a sitios y situaciones a los que tienen un libre acceso, junto a los personajes que, una vez concebidos en la imaginación, se convierten en sus amigos y compañeros de juegos.

La fantasía infantil, que no distingue entre lo real y lo imaginario, es un mecanismo sensorial que sirve, en su función terapéutica, incluso para exteriorizar los problemas tanto emocionales como las inquietudes que atañen a los niños en la vida social, escolar y familiar. No en vano los psicoanalistas, que quieren tratar un trauma específico que aqueja a un niño, se sirven de la propia fantasía del infante para detectar las causas y buscar las soluciones.

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Fotos: Cortesía Víctor Montoya

La fantasía infantil se alimenta también con las obras de los autores que hacen posible lo imposible, que tienen la capacidad de zambullirse en el interior de los niños y niñas para sentir, pensar y hablar como ellos a la hora de escribir con todo el fulgor de su talento. Las buenas obras literarias, a tiempo de jugar con la fantasía infantil, abren las ventanas de un territorio mágico, sin límites de tiempos ni espacios, para que los pequeños lectores puedan volar libremente en las naves de la imaginación.

Ya se sabe que toda la información acumulada en la mente es una de las primeras fuentes de la que se vale la imaginación para generar los objetos y sujetos de la fantasía que, al margen de ser un proceso cognitivo cotidiano y propio de los humanos, es el principal elemento de la creatividad y expresión artística en sus más diversas manifestaciones.

Si la fantasía constituye un poderoso vehículo para transformar la realidad, entonces es importante que los niños y las niñas den rienda suelta a su imaginación, palanca impulsora de los ensueños y deseos, que cada individuo abriga a lo largo de su vida, con la esperanza de que algún día se materialicen y dejen de ser meras elucubraciones mentales.

La fantasía infantil, que no siempre está vinculada a la inteligencia ni al coeficiente intelectual, es un factor que requiere ser estimulado tanto en el ámbito escolar como familiar, con actividades recreativas y lecturas fantásticas que cumplan, más que una función didáctica, la misión de introducir a los niños y niñas en un universo que, ya sea representado con palabras, imágenes o acciones, no es otra cosa que el simple reflejo de su propio fuero interno, donde anidan de manera natural los personajes que protagonizan las aventuras de su imaginación.


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