El presidente Luis Arce encabezó ayer una sesión extraordinaria del Consejo Nacional de Autonomías (CNA), a la que convocó la semana pasada para evaluar acciones oportunas y urgentes en favor de las regiones afectadas por los efectos de la crisis climática que, hasta el momento, dejó una cifra de 52 muertos y más de 452.000 familias afectadas en todo el territorio nacional.
La reunión concluyó con cuatro conclusiones cruciales y a tono con la coyuntura que enfrenta el país: 1) declarar como prioridad nacional la atención de desastres naturales en diversos niveles; 2) conformar comisiones para coordinar el destino de los recursos y la logística de ayuda, en el marco de la declaratoria de emergencia; 3) coordinar las acciones de reconstrucción y prevención para priorizar la vida de las bolivianas y los bolivianos afectados; y 4) exigir a la Asamblea Legislativa Plurinacional la inmediata aprobación de los financiamientos del BID por $us 250 millones y de JICA por $us 100 millones, parte de cuyos fondos son imprescindibles para labores de prevención y contención.
Más allá de la premura y pertinencia de esta sesión extraordinaria, se debe destacar al CNA como un espacio fundamental de debate y consenso al margen de lo político partidario, tomando en cuenta que agrupa a todas las instancias ejecutivas de los diferentes niveles de gobierno.
Gracias a las políticas de inclusión propugnadas por el Gobierno nacional, hoy en día en Bolivia existen diversos escenarios de socialización y coordinación, pero pocos como el CNA cuentan con la legitimidad de una incuestionable representatividad. Las máximas autoridades electas (es decir, que aúnan la voluntad del pueblo) tienen en este escenario la gran posibilidad de dejar de lado los intereses políticos y particulares y trabajar en función del Estado para impulsar temas urgentes en busca del bienestar común.
Es remarcable la voluntad del presidente Arce de organizar año tras año una o más sesiones ordinarias, e incluso, como el caso que ahora atinge, reuniones extraordinarias dada la urgencia del tema. Se demuestra así su alta vocación democrática, pues opta por el debate y consenso antes que por la ejecución directa de muchas decisiones y gestiones que su investidura le facultan. No se debe perder de vista que en todas las sesiones del CNA desde 2021 (por Covid, censo y ahora crisis climática) participó casi la totalidad de los convocados, salvo el ala más extrema de la derecha neoliberal, que nunca se caracterizó por el compromiso y el trabajo por la ciudadanía.
Los desastres naturales tienden año tras año a intensificarse en la lógica del sistema capitalista global que no hace sino ahondar los factores de deterioro del medioambiente. Los esfuerzos que hace el Gobierno boliviano, al amparo de la filosofía del Vivir Bien y del Modelo Económico Social Comunitario Productivo, chocan, lastimosamente, con el cálculo político de la derecha tradicional y la nueva derecha que, desde la ALP, miran impávidas el sufrimiento de familias damnificadas y no cumplen su obligación de extremar esfuerzos para paliar esta situación.