Contrariamente a otros países, donde festejan a las madres en el día de la Virgen María, en Bolivia el Día de la Madre es el 27 de mayo por razones históricas poco comunes, de tal modo que no solo se honra a madres y abuelas, sino también se recuerda el heroísmo de un puñado de mujeres que salió a pelear hasta la muerte en busca de libertad.
“El día 27 de mayo se rendirá especial homenaje a la madre en todos los colegios y establecimientos de instrucción, mediante conferencias, lecciones y visitas a monumentos conmemorativos. Las asociaciones de beneficencia y protección a los huérfanos podrán adherirse a este homenaje y organizar fiestas colectivas tendientes a intensificar y amparar el sentimiento maternal”, reza el artículo único de la Ley de la República del 8 de noviembre de 1927, firmada por el entonces presidente Hernando Siles.
De esa manera se honró la memoria de ese puñado de mujeres, comandadas por una invidente, Josefa Gandarillas, quien arengó a sus congéneres a defender la revolución.
Luego de los levantamientos armados que se produjeron en La Paz, Chuquisaca y Oruro a partir de 1809, Cochabamba era el siguiente objetivo de las zonas vecinas para derrotar el dominio español sobre la región. En ese contexto, después de la sublevación reprimida de Sipe Sipe, Goyeneche emprendió camino hacia Argentina con el fin de invadir sus provincias y apagar el fuego revolucionario que se había iniciado, pero con lo que no contaba era con una nueva insurrección en Cochabamba, encabezada por Esteban Arze, la cual finalmente derrotó el 24 de mayo de 1812.
El sanguinario creyó que había apagado todo foco de resistencia, sin embargo el 27 de mayo Josefa Gandarillas arengó a sus compañeras, y las mujeres del mercado, entonces conocidas como 'chifleras', fueron a defenderse de los realistas. El detonante fue el abuso de los soldados que estaban saqueando las casas y por eso nació el grito de “¡Nuestro hogar es sagrado!”, y salieron primero a protestar y luego vieron que el único camino era el enfrentamiento.
Así llegaron a la Colina de San Sebastián en la diminuta Cochabamba. La historia refiere que fueron “cientos de mujeres” a las que no se cuantifica, pero armadas de palos y piedras enfrentaron al ejército armado en una lucha desigual que acabaría con ellas. Las mujeres fueron arrasadas y el ejército se creyó vencedor de esa batalla en La Coronilla.
Por más de 100 años, ese día fue recordado como la Fiesta de Dios, que luego pasó a llamarse la Fiesta Triste de Dios, hasta 1927, cuando la decisión del Gobierno de entonces reconoció el sacrificio de las mujeres y dictó el Día de la Madre.
Hoy en ese histórico lugar se erige la estatua de las Mujeres de La Coronilla, donde por un tiempo se instalaron malvivientes, por lo que las autoridades decidieron intervenir el sitio, y con una inversión de Bs 31,6 millones encaró su rehabilitación.
El lugar, conocido también como la Colina de San Sebastián, es un patrimonio cultural e histórico que merece la atención no solo del Gobierno nacional, sino del municipal, ya que recuerda el esfuerzo de la mujer en toda sociedad, que debe pelear en condiciones desventajosas contra una sociedad patriarcal que no mira a las verdaderas trabajadoras, las más sacrificadas.