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Soledad Buendía Herdoíza

La Constitución de 1917 en México: cimiento de Derechos Humanos y Fundamento Político

La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1917 representa un hito trascendental en la historia de este hermoso país, marcando la culminación de décadas de lucha por la justicia social y la consolidación de los derechos fundamentales. Este documento, producto de un contexto revolucionario, no solo sentó las bases de la organización política y jurídica del país, sino que también estableció principios que reflejan un profundo compromiso con los Derechos Humanos.

La promulgación de la Constitución el 5 de febrero de 1917 se enmarca en el contexto de la Revolución mexicana (1910-1920), un período tumultuoso en el que diferentes facciones luchaban por la justicia social, la distribución equitativa de la tierra y el fin de la opresión política. En medio de este ambiente de transformación, la necesidad de una carta magna que reflejara las aspiraciones del pueblo mexicano se hizo evidente.

La Constitución de 1917 representa una respuesta a las demandas sociales y una garantía de los derechos de la población. Entre sus disposiciones claves se encuentran la nacionalización de los recursos naturales, la protección de los derechos laborales y la separación Iglesia-Estado. Estas medidas no solo buscaban reconfigurar la estructura política, económica y social, sino que sentaron las bases para una mayor equidad y justicia.

El Artículo 3, por ejemplo, consagró el principio de laicidad en la educación, estableciendo la gratuidad y la obligatoriedad de la enseñanza. Este enfoque refleja una visión progresista que reconoce la importancia de una educación inclusiva y libre de influencias dogmáticas, promoviendo así la diversidad de pensamiento y la formación de ciudadanos críticos.

Este cuerpo constitucional no solo aborda cuestiones políticas y económicas, sino que también establece una base sólida para la protección de los Derechos Humanos. El Artículo 1, por ejemplo, prohíbe la discriminación y garantiza la igualdad jurídica, sentando así las bases para la protección de la dignidad humana. Además reconoce derechos laborales, como la jornada de trabajo de ocho horas y el derecho a la sindicalización, demostrando una preocupación genuina por el bienestar de los trabajadores.

El Artículo 123 refiere derechos laborales y sociales, como el salario justo, el descanso semanal, la jornada máxima y la protección de la maternidad. Estas disposiciones confirman una sensibilidad hacia las condiciones de trabajo y la dignidad de los individuos, alineándose con los principios fundamentales de los Derechos Humanos.

La Constitución de 1917 en México no solo representa un documento legal, sino que es un compromiso profundo con los ideales de justicia, equidad y Derechos Humanos. Su importancia política radica en su capacidad para plasmar las aspiraciones de una nación en transformación, marcando un hito en la historia mexicana. A través de sus disposiciones ha perdurado como una guía de la evolución democrática del país, estableciendo un fundamento sólido para la protección y promoción de los derechos fundamentales. En este sentido, la Constitución de 1917 sigue siendo un legado valioso y un recordatorio de la capacidad de una nación para forjar su destino mediante la defensa de los principios que encarnan la esencia misma de la humanidad.


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