La festividad se anunciaba desde la víspera, cuando la plaza se iluminaba con fuegos artificiales y el retumbar de los cañonazos reverberaba en el aire.
La Paz, 23 de abril de 2024 (AEP). – El 9 de diciembre de 1825 fue un día que se grabó en la historia como una jornada de júbilo y exaltación sin precedentes entre los bolivianos de aquel tiempo.
La ciudad de Chuquisaca, otrora bastión del colonialismo español, se transformaba en un escenario de algarabía colectiva, donde el pueblo celebraba con fervor la tan ansiada independencia.
Ese día, los corazones bolivianos palpitaban al ritmo de la libertad y la independencia, celebrando junto a sus héroes, el Libertador Simón Bolívar y el Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre.
La festividad se anunciaba desde la víspera, cuando la plaza se iluminaba con fuegos artificiales y el retumbar de los cañonazos reverberaba en el aire.
El Cóndor de Bolivia, voz impresa de los tres primeros años de la República, relataba con vibrante emoción lo que embargaba a la multitud, que vitoreaba a los héroes Bolívar y Sucre con fervor.
El día amanecía con el eco de los 21 cañonazos, anunciando la llegada del ansiado momento. Los balcones adornados y las calles llenas de gente reflejaban la expectativa que se respiraba en el aire.
Himno de libertad
La jornada oficial comenzaba con la ceremonia de condecoración, donde el presidente del departamento colgaba la medalla del Congreso al Gran Mariscal de Ayacucho. Con humildad y moderación, Sucre agradecía el honor, solicitando permiso para llevarla conforme a las directrices de su Gobierno.
El palacio donde se firmó el Acta de Independencia era testigo del simbolismo patriótico, cuando Bolívar ceñía la espada al general Sucre, gesto cargado de significado y compromiso con la patria.
Los discursos, breves pero llenos de nobleza, resonaban como himnos a la libertad y la justicia.
La solemnidad religiosa se entrelazaba con la historia, cuando los libertadores se dirigían a la Iglesia de la Catedral para participar en una misa solemne. Las palabras del Vicario General del Ejército reverberaban en las paredes centenarias, recordando la lucha y el sacrificio por la libertad.
La tarde del 9 de diciembre se tornaba festiva, con banquetes y bailes que reunían a damas y caballeros en una celebración desbordante de alegría. La plaza se convertía en escenario de regocijo, donde la gente brindaba por la patria y la libertad conquistada.
Fiesta
Los brindis, cargados de patriotismo y gratitud hacia el Ejército Libertador, resonaban en cada rincón, mientras el pueblo expresaba su reconocimiento a Bolívar y Sucre con vivas y aplausos.
En la casa dispuesta para la ocasión, la felicidad se desbordaba entre risas y conversaciones animadas.
El Gran Mariscal presidía la mesa, compartiendo el momento con soldados y oficiales que habían luchado y triunfado en Ayacucho.
Los brindis se sucedían, enaltecidos por la emoción y el orgullo de una nación que había alcanzado su libertad.
La noche caía sobre Chuquisaca, pero la celebración continuaba con la misma intensidad y alegría.
El baile y la música envolvían a los asistentes en un torbellino de emoción y camaradería, mientras el recuerdo de la gesta libertadora se hacía presente en cada nota.
Cóndor de Bolivia
El Cóndor de Bolivia, testigo privilegiado de aquellos momentos, inmortalizaba la jornada en sus páginas, transmitiendo al pueblo boliviano el espíritu indomable de la libertad y la independencia.
Así, en diciembre de 1825, los bolivianos celebraban junto a Bolívar y Sucre la culminación de una lucha larga y ardua, pero también el inicio de una nueva era de paz y prosperidad para su amada patria.
La difusión de la información fue un pilar importante en el Gobierno de Antonio José de Sucre (diciembre de 1825 - abril de 1828).
Durante su administración se publicó el que se considera el primer periódico boliviano.
Bautizado como Cóndor de Bolivia, el semanario fue para Sucre la expresión del respeto que sentía por la confrontación de ideas.
La primera Ley de Imprenta dictada por el gobernante y promulgada por la Asamblea Constituyente el 7 de diciembre de 1826 fue, justamente, la reafirmación de aquellos principios republicanos.
Mediante la Ley de Imprenta, el Gobierno demostró que la libertad de opinión era uno de los beneficios que trajo consigo la nueva república.
Pero el Cóndor, una gaceta ministerial donde el Mariscal difundía las propuestas gubernamentales y sus propias ideas, tomaba las calles en medio de las inmensas dificultades del nacimiento de la República de Bolívar.
La responsabilidad del periodista es ir donde está el silencio. Este principio ampliamente difundido en el siglo XXI lo aplicó en el XIX el Cóndor durante su corta existencia. El pequeño periódico, del tamaño del papel oficio, intentó incrustar en la conciencia del libre ciudadano boliviano a serlo realmente con el ejercicio de derechos y deberes, pero también con enormes sacrificios.
Por eso mismo, en la empobrecida Bolivia de ese tiempo, uno de los motivos capitales para la circulación del periódico era la necesidad de que se difundiese el pensamiento de la Constitución escrita por Bolívar y las reformas institucionales que Sucre ejecutó.
Con Fiestas de Ayacucho —una gran crónica publicada el 12 de noviembre de 1825— el primer periódico de la República inició el trabajo de reflejar los sucesos que se tejieron durante la formación de la nueva nación independiente, y que concluiría abruptamente con la dramática renuncia de Sucre a la Presidencia.