La concejala Joselinne Pinto denunció que esta infraestructura municipal está en muy mal estado y que va perdiendo su propuesta original.
La Paz, 28 de agosto de 2023 (AEP).- La concejala paceña Joselinne Pinto llevó a su hijo a divertirse al que es el museo más visitado de la ciudad, el Pipiripi. Sin embargo, se encontró con atractivos y espacios cerrados, mal olor, poca limpieza y juegos en mal estado que podrían constituirse en un peligro para los pequeños visitantes.
A pocos pasos del ingreso, la concejala sufrió la primera decepción: el funicular que solía ser una manera entretenida y cómoda para que los visitantes —sobre todos los niños— llegaran a las instalaciones del museo, no está a disposición de la población.
“Se reemplazó el funicular —que supuestamente reanudó operaciones en junio— con unas gradas improvisadas y peligrosas. La pendiente es bastante empinada e ir con niños pequeños no es fácil. Son peligrosas porque no hay barandas estables, utilizaron troncos y sogas”, describió.
Ella y su hijo fueron un sábado y grande fue su sorpresa al no ver muchos visitantes. Ya en el patio, diferentes juegos como “hula hulas” o “pata patas” no estaban disponibles, pese a que sí se accede a ellos durante los días laborales de la semana.
Al ingresar al edificio, una sala que solía estar dedicada a la educación y concientización medioambiental, estaba completamente cerrada. Dentro del museo, el personal activo es escaso —comentó— y en muchos casos las atracciones no funcionan. Los espacios para pintar tienen papel, pero muy poca pintura; la arcilla para modelar es escasa y la limpieza deja mucho que desear.
Las alfombras en ciertos espacios están tan desgastadas que forman obstáculos para los pies pequeños que transitan por el lugar. Los elementos didácticos están gastados y en mal estado, en muchos casos rotos, y esto hace que sean peligrosos para los visitantes más pequeños. Lo mismo sucede con las “canchitas”, no se las puede utilizar porque no tienen todo lo que se requiere.
“El arenero está funcionando, sin embargo, no hay un buen mantenimiento de este espacio. Muchos niños se quejaron de que al salir de allí les habrían picado hormigas y también de que la arena tenía un olor a orina”, detalló Pinto.
Uno de los aspectos que más le sorprendió es que un lugar que se creó para incentivar que los niños y adolescentes aprendan utilizando sus sentidos, de pronto haya vuelto al concepto tradicional de museo, utilizando diferentes salas para exponer muñecos de trapo.
Lo que debió ser un paseo divertido, poco a poco se convirtió en un caso de preocupación para la concejala, quien decidió registrar todo en un video de Tik Tok.
“Esta gestión, el museo tiene un presupuesto de 891 mil bolivianos. Es un lugar grande, tiene tres pisos y múltiples salas; sin embargo, un sábado, que debería ser un día de alto tráfico, había menos de ocho funcionarios y ninguno dedicado exclusivamente a la limpieza. Como parte del ente de fiscalización municipal, emitiremos los requerimientos de atención correspondientes y esperemos que en algún momento podamos recuperar nuestro Pipiripi”, dijo.