A escasos meses de concluir su mandato constitucional el 8 de noviembre, el presidente Luis Arce puede mirar hacia atrás con la satisfacción del deber cumplido.
Su gestión de cinco años no sólo restauró la estabilidad democrática en Bolivia tras la crisis de 2019, sino que también dejó un legado tangible de desarrollo y modernización que marca un antes y un después en la historia del país.